Un estudio pionero analiza por qué los patronatos de las fundaciones españolas son como son, y qué fuerzas los moldean desde dentro y desde fuera.
Las fundaciones mueven miles de millones de euros en beneficio de la sociedad, pero sus mecanismos internos de gobierno han sido durante mucho tiempo una "caja negra". Este artículo la abre, revelando qué factores determinan el tamaño y la composición de sus patronatos.
Basado en una muestra de 104 fundaciones españolas activas · Datos de 2003–2004
El patronato es el corazón del gobierno de una fundación. De él depende que los recursos se gestionen bien y que la misión se cumpla.
Al igual que en las empresas, el patronato supervisa a los directivos y les asesora en la estrategia. Sin embargo, en vez de representar a accionistas, representa a fundadores, donantes y a la sociedad.
Las fundaciones no pueden repartir beneficios, pero eso no significa que todos sus actores persigan lo mismo. Los gestores pueden tener objetivos propios que no coincidan con la misión. El patronato existe precisamente para alinear esos intereses y proteger el propósito fundacional.
Las fundaciones españolas se caracterizan por su diversidad de financiación y una peculiaridad importante: la ley prohíbe remunerar a los patronos. Todos son voluntarios.
¿Es el patronato simplemente el resultado de la historia o de la costumbre? No: los autores demuestran que responde racionalmente a las necesidades de cada organización.
Los investigadores identifican cuatro hipótesis principales, inspiradas en la teoría de agencia, para explicar por qué los patronatos tienen el tamaño y la composición que tienen.
Cuando hay un gran donante o fundador dominante, el patronato tiende a ser más pequeño pero más independiente. Un donante poderoso ya vigila por sí solo; no hace falta multiplicar el número de miembros. En cambio, cuando la financiación viene de muchas fuentes diversas, el patronato crece para dar voz a todos los actores.
Las fundaciones más grandes, con más áreas de actividad, más presencia geográfica o mayor endeudamiento, necesitan patronatos más amplios y con más expertos externos. La complejidad genera la necesidad de mayor supervisión y asesoramiento especializado. La edad también juega un papel no lineal: el patronato crece en los primeros años y se estabiliza con la madurez.
Cuando los gestores son también donantes importantes, sus intereses coinciden con los de la fundación. Hay menos riesgo de que actúen en beneficio propio, por lo que se necesita menos vigilancia externa. El patronato puede ser más compacto y con más internos de confianza.
Las fundaciones que generan ingresos propios (actividad económica) operan en entornos más inciertos y cambiantes. En estos casos, tener muchos consejeros externos puede ralentizar la toma de decisiones. Lo que se gana en agilidad compensa lo que se pierde en supervisión formal.
Uno de los hallazgos más originales del estudio es que la edad de la fundación afecta de forma diferente al tamaño del patronato y a su independencia.
El patronato está formado principalmente por los propios fundadores. Son insiders comprometidos con la causa, pero el patronato es pequeño y con poca independencia formal.
La complejidad crece y con ella el patronato. Se incorporan más miembros. La reputación empieza a atraer a externos, pero aún deben demostrar su solidez para convencerlos.
Una vez acreditada su viabilidad y prestigio, la fundación puede atraer a patronos externos de calidad. El patronato se vuelve más independiente, aunque su tamaño se estabiliza.
"En España, todos los patronos son voluntarios no remunerados. Los más cualificados dedican su tiempo a las fundaciones más prestigiosas y consolidadas. Sin incentivos económicos, la reputación lo es todo."
Reflexión central del estudioCon una muestra de 104 fundaciones y modelos estadísticos robustos, el estudio valida varias de sus hipótesis con resultados sólidos.
Las fundaciones con mayor presupuesto tienen patronatos más grandes. Gestionar más recursos requiere más ojos y más conocimiento diverso en el patronato.
Las fundaciones más endeudadas incorporan más expertos financieros externos a su patronato. Es una respuesta racional a una mayor necesidad de supervisión técnica.
Si quien dirige la fundación es además uno de sus principales donantes, sus intereses ya están alineados con los de la institución. En ese caso, hay menos necesidad de vigilancia externa: el patronato puede ser más reducido y con mayor peso de miembros internos de confianza.
Las fundaciones que obtienen sus ingresos principalmente de su propia actividad económica —no de donaciones ni de rentas financieras— operan en entornos más competitivos e inciertos. Para aprovechar oportunidades en ese contexto, necesitan tomar decisiones rápidas. Un patronato amplio con muchos externos puede dificultar esa agilidad, por lo que tienden a tener patronatos más pequeños y con mayor presencia interna.